Rafael Veloz. Abogado Constitucionalista | Ex Presidente de la Federación Interamericana de Abogados (FIA) | Primer Vicepresidente de la Unión Iberoamericana de Colegios y Agrupaciones de Abogados (22 países) | Presidente Fundador de CONFEPUV | Coordinador del Programa de Organización Ciudadana (POC). Diputado Nacional 2015. Miembro de la dirección nacional de Voluntad Popular
Hay semanas en las que el pulso de Venezuela late con más fuerza. Esta es una de ellas. Mientras la dirigencia nacional, estadal e internacional de Voluntad Popular celebra su convención después de un período en que la persecución del régimen impedía que las organizaciones políticas, reunieran con normalidad, el Comando ConVzla acaba de hacer público el Manifiesto de Panamá —firmado por María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González Urrutia— que traza la ruta concreta hacia una elección presidencial libre, transparente y con observación internacional. Dos eventos que, leídos juntos, muestran que la Venezuela democrática no se rindió ni en los años más duros, y que hoy avanza con más organización, más unidad y más claridad de propósito que en ningún momento anterior de estos veintisiete años de lucha.
Voluntad Popular: lo que significa esta convención para Venezuela
Voluntad Popular no es solo un partido político. Es una generación. Fundada en 2009 por Leopoldo López junto a líderes políticos y sociales. Me correspondió acompañar en su fundación, pero debo recordar que ha sido el único partido político en la historia de la república, que nació fruto de unas elecciones abiertas donde podía participar cualquier venezolano inscrito en el registro electoral permanente. Nació con una convicción que el tiempo ha confirmado: que el cambio en Venezuela no vendría de las élites tradicionales sino de una nueva ciudadanía organizada, formada y comprometida con los valores democráticos. Lo que siguió fue una historia de coraje y persecución sin precedentes donde sus líderes nacionales y estadales fueron forzados a salir del país o pasar a la clandestinidad. Sin embargo, nunca dejaron de trabajar. La diáspora de Voluntad Popular se convirtió en una plataforma de denuncia internacional, de presión diplomática y de construcción política que mantuvo encendida la llama democrática en los momentos más oscuros.
La convención de esta semana tiene, por tanto, un significado que va más allá de lo organizativo. Es la demostración de que una organización política puede sobrevivir a la represión más brutal, mantener su identidad, renovar su liderazgo y salir más cohesionada. Eso es lo que Venezuela necesita ver en este momento de pre-transición: que los partidos democráticos son instituciones con raíces, no estructuras de conveniencia que se disuelven cuando la presión arrecia. El aporte de Voluntad Popular al proceso que el Manifiesto de Panamá abre es triple: primero, una red territorial nacional e internacional curtida en las condiciones más adversas, que conoce los municipios, los sectores populares y la diáspora venezolana como ninguna otra organización; segundo, una generación de liderazgo joven —hoy en la madurez de su experiencia— que ha demostrado capacidad de acción internacional, de resistencia y de propuesta técnica; y tercero, una cultura política de organización desde abajo, las redes populares, electorales y estructuras de base, que es exactamente el modelo que el Manifiesto de Panamá pide para el Gran Acuerdo Nacional.
El Manifiesto de Panamá: la hoja de ruta que la sociedad civil espera
El Manifiesto de Panamá establece dos procesos simultáneos que no pueden ser secuenciales: una negociación política seria con el régimen interino para restaurar la democracia, liderada por María Corina Machado y acompañada por el gobierno de los Estados Unidos bajo el Plan de Tres Fases del Secretario Marco Rubio; y la construcción de un Gran Acuerdo Nacional que convoque a todos los sectores —partidos, gremios, sindicatos, iglesias, universidades, organizaciones sociales, jóvenes, mujeres y venezolanos de la diáspora— bajo la coordinación de Machado. El propósito central es claro: una elección presidencial libre, transparente y soberana, con todas las garantías que dictan la Constitución y la ley, con un nuevo CNE integrado por personalidades independientes y con observación internacional. No es un documento de intenciones. Es un compromiso público firmado ante Venezuela y la comunidad internacional. Y su fuerza no está solo en las firmas que lo respaldan, sino en la claridad de lo que exige como condiciones previas: liberación plena de todos los presos políticos, retorno seguro de los exiliados y desmantelamiento del aparato represivo.
El POC en la pre-transición: organizar, conectar, construir
En este contexto, el Programa de Organización Ciudadana tiene una responsabilidad
específica y diferenciada dentro del Gran Acuerdo Nacional que el Manifiesto convoca. No es un partido político y no aspira a serlo. Constituye la más amplia articulación de la sociedad civil organizada: líderes de colegios profesionales, sindicatos independientes, jubilados, líderes vecinales, productores del campo, docentes universitarios, laicos de organizaciones religiosas. La función es ser el puente entre esa ciudadanía activa y el liderazgo político que conduce la transición. Y en este momento, esa función tiene tres dimensiones concretas. La primera es organizativa: convocar asambleas ciudadanas en todos los estados para explicar el Manifiesto de Panamá, incorporar a nuevas organizaciones y conectar a los líderes locales con los equipos estadales del POC, que ya están activos en Monagas, Táchira, Barinas, Carabobo, Miranda, Yaracuy y otros estados. La segunda es técnica: avanzar con los equipos sectoriales —justicia, salud, educación, servicios públicos, sistema eléctrico, sector agroalimentario— en la elaboración de las propuestas programáticas que servirán de base para el gobierno que emerja del proceso electoral. La tercera es electoral: retomar y escalar el modelo de los comanditos y el Programa de Defensa del Voto, que el 28 de julio de 2024 puso a casi 3.000 abogados y más de 5.000 líderes sociales en los centros electorales.
Voluntad Popular celebrando su convención y el Manifiesto de Panamá firmado ante el mundo son dos señales de la misma realidad: la Venezuela democrática está más organizada, más unida y más determinada que nunca. El régimen heredero puede designar fiscales, defensores y magistrados afines; puede lanzar consultas sobre reforma judicial conducidas por quienes destruyeron la justicia; puede anunciar reestructuraciones gubernamentales que no tocan la estructura de impunidad. Pero no puede detener lo que ya está en marcha. El Gran Acuerdo Nacional que el Manifiesto de Panamá convoca no es una aspiración: es una construcción que comenzó hace años en los comanditos de barrio, en los colegios profesionales, en las mesas de trabajo de los equipos estadales del POC, en el exilio de los líderes de Voluntad Popular que nunca dejaron de organizar. Hoy esa construcción tiene nombre, tiene ruta y tiene el respaldo de los aliados internacionales. La transición ya empezó.
Venezuela democrática: organizada, unida, en marcha. El Manifiesto de Panamá es nuestro compromiso. El Gran Acuerdo Nacional es nuestra tarea. La Democracia Total es nuestro destino.
Fecha: 08/06/2026


